Cântico dos Cânticos

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O matrimônio místico da alma com Deus

Casamentos por amor são figura do matrimônio místico espiritual que é expresso com o Cântico dos Cânticos; os seres psíquicos que não têm o Espírito ficam na superficie da palavra e por aí vão de engano em engano racionalista e não conseguem acesso às águas profundas do amor divino e não entendem os tesouros enterrados nas metáforas deste Cântico que é um segredo da Mística Cristã e do Mistério da Fé...2016 anos de paciência e ainda não se entende...que pouca disposição tem Deus encontrado na humanidade...cegos guiando outros cegos acabarão caindo juntos no Abismo...

O Sacramento do Matrimônio é uma reconciliação entre o homem e a mulher e de ambos com Deus, para superar o que aconteceu no Éden...que tesouros místicos espirituais da fé há em tão grande Sacramento que também abençoa a procriação e formação de uma família santa. Este Sacramento é de uma elevação espiritual moral divina!

Mas ora vejam o que se passa no mundo sobre casamento...

Quanta brutalidade e ignorância!

Todos os Sacramentos da Igreja de Cristo são remédio para tudo que se passou no Éden, conforme tenho conseguido entender, tudo que Deus faz tem uma lógica que atende as necessidades de saúde temporais e espirituais...não é mesmo?

Quem despreza a Igreja de Cristo e os seus Santíssimos Sacramentos demonstra que ainda não teve a oportunidade de conhecer adequadamente porque do contrário, se conhecesse, se daria conta mais facilmente da Verade e se abriria ao milagre da conversão. Apesar de que os demônios sabendo rejeitaram a Verdade e odiaram a Deus.

Sem aceitação de nossa parte, boa vontade, e sem a graça de Deus não há conversão.

A conversão de uma alma é verdadeiramente um grandiosíssimo milagre...que não acontece sem nosso livre arbítrio.

A graça de Deus não priva da liberdade de escolha.

Nem a tentação priva da liberdade de escolha.

Quando alguém decide radicalmente não pecar, não há nada que a possa forçar a isso e se preciso for prefere todas as misérias e a morte que se torna premio...

Temos de parar um pouco e pensar nisso seriamente, profundamente...sinceramente.

 

João 6, 61-68

 

61. Sabendo Jesus que os discípulos murmuravam por isso, perguntou-lhes: Isso vos escandaliza?

62. Que será, quando virdes subir o Filho do Homem para onde ele estava antes?...

63. O espírito é que vivifica, a carne de nada serve. As palavras que vos tenho dito são espírito e vida.

 64. Mas há alguns entre vós que não crêem... Pois desde o princípio Jesus sabia quais eram os que não criam e quem o havia de trair.

 65. Ele prosseguiu: Por isso vos disse: Ninguém pode vir a mim, se por meu Pai não lho for concedido.

 66. Desde então, muitos dos seus discípulos se retiraram e já não andavam com ele.

 67. Então Jesus perguntou aos Doze: Quereis vós também retirar-vos?

68. Respondeu-lhe Simão Pedro: Senhor, a quem iríamos nós? Tu tens as palavras da vida eterna.

 

A AMADA

6 Grava-me

como um selo em teu coração,

como um selo em teu braço;

pois o amor é forte , é como a morte!

Cruel como o abismo é a paixão;

suas chamas são chamas de fogo

uma faísca de Yahweh!

7 As águas da torrente jamais poderão   

apagar o amor,

nem os rios afogá-lo.

Quisesse alguém dar tudo o que tem

para comprar o amor...

Seria tratado com desprezo.

Ct 8, 6-7

Encontrei este esclarecedor artigo que apenas há em espanhol e que nos ajuda na compreensão de tudo que se alcance nesta página

DESPOSORIO ESPIRITUAL


Concepto. En la fenomenología mística se designa con esta fórmula, de uso habitual en los escritores espirituales y muy frecuente en las autobiografías de los santos, la «mutua promesa entre Dios y el alma de un futuro matrimonio místico». Al calar más hondo en la definición, un autor clásico, José del Espíritu Santo, precisa: «el Desposorio Místico es una íntima comunicación de Dios al alma, perfectamente purificada, disponiéndola de inmediato para el matrimonio místico» (Cursus, IV, 1931, 187).
     
      El problema puede consistir en quedarse en la superficie del término por carecer de preparación para ahondar en su contenido. Pero también los místicos experimentales tropezaban, por camino inverso, con la dificultad de expresar en lenguaje humano el fenómeno. La cuestión del «lenguaje de los místicos» ha atormentado no sólo a los teólogos (atentos a la ortodoxia de las fórmulas doctrinales), sino también a los creadores y usufructuadores de la literatura espiritual. Los místicos (admitía J. Ortega y Gasset) son formidables artistas de la palabra. En efecto, en la fragua, siempre encendida, del alma, forjan un lenguaje propio de altísimos quilates. La metáfora, la expresión feliz, el rodeo alegórico, tienen un valor literario indiscutible. Y, con todo, los místicos se muestran insatisfechos de su expresión, porque la materia que tratan es inefable (y, por tanto, indecible) y lo que dicen, lo dicen con analogías. Pues bien; una es ésta del d. e. S. Teresa la califica de «grosera comparación», pero añade: «yo no hallo otra que más pueda dar a entender lo que pretendo» (Moradas, V,4,3). En realidad, el origen de este lenguaje del místico desposorio arranca de la cantera bíblica. El Cantar de los Cantares (v.) será siempre el libro preferido de los místicos, la fuente de su inspiración. El mismo S. Pablo emplea la analogía nupcial hablando del amor de Cristo a la Iglesia (cfr. 1 Cor 7,20; 2 Cor 11,2; Eph 5,23).
           (...)

obs: a continuação desde artigo está no final desta página ou no link abaixo

ÁLVARO HUERGA.

Cortesía de Editorial Rialp. Gran Enciclopedia Rialp, 1991

http://www.mercaba.org/Rialp/D/desposorio_espiritual.htm

 

Continuação do artigo em espanhol "Desposorio espiritual"

La tradición del d. e. enraizada en la Biblia pervive a través de la literatura mística cristiana, se encarna en las vidas de los santos, y es tema abordado por los escritores de Teología espiritual. De los tres aspectos se pueden aducir numerosos ejemplos. En S. Agustín (Enarrationes in Psalmos, 44: PL 36,494-495) encontramos intuitivas resonancias; en S. Bernardo el lenguaje de amor es audaz; Juan de Ruysbroeck (1293-1381; v.) edifica su obra maestra (De ornatu spiritualium nuptiarum, en Oeuvres, III, 2 ed. Bruselas 1928), partiendo del bíblico clamoreo: ¡Ahí está el esposo, salid a su encuentro! (Mt 25,6). El Esposo es Cristo, dice Ruysbroeck, y la esposa, la naturaleza humana, adornada con la gracia y los dones. El influjo de este libro de Ruysbroeck fue inmediato y duradero: Dionisio el Cartujano (m. 1471), Enrique Herp (m. 1477), etc.
     
      Estructura. Prescindiendo de las autobiografías e incluso de la exposición que de él hacen los manuales de Teología Espiritual, vamos a ver la estructura de ese extraordinario fenómeno, tal como la dibuja S. Juan de la Cruz.
     
      Siendo el Desposorio místico una de las fases postreras del proceso de unión con Dios (la vida mística es producto del amor teologal, es decir, desarrollo en plenitud de la caridad), resulta lógico que S. Juan de la Cruz (v.), que ha convertido en eje de su sistema la «unión de amor», aborde el tema en el comentario a las estrofas del Cántico Espiritual. La base la puso en la Subida; toques últimos da en Llama de amor viva. Pero donde trata ex profeso la cuestión es en el Cántico, tan acorde al motivo del Cantar de los Cantares, tan personal en la fuerza lírica y en el esquema ideológico. Lo que nos interesa ahora, sin embargo, no es el valor poético, sino la profundidad descriptiva; es decir, ver cómo S. Juan encuadra y analiza el d. e. en el marco de la psicología sobrenatural. El d. es una etapa del itinerario del alma. Etapa de subida, de montaña, de sol y fuego. Es una fase de un proceso fenomenológico de «transformación en el Amado». Los sanjuanistas sugieren ante el problema de la doble redacción del Cántico, que la segunda es un esfuerzo de adaptación doctrinal de la redacción primera, en la que al fluir poético no se impone más ley que la espontaneidad.
     
      El esquema, pues, del Cántico, encajándose en el esquema-base de la vida espiritual, ofrece tres etapas sucesivas: 1) búsqueda del Amado, cuando el alma tiene «el corazón bien enamorado», «vacío, hambriento, solo, llagado, doliente de amor» (Cántico, 9,6); 2) encuentro, o sea, el desposorio; y 3) el matrimonio.
     
      Un fondo común se adivina en este esquema cuando se compara con el esquema de las Noches o de la Llama. Las tres fases se hallan esencialmente en los otros libros, si bien el Cántico, por su misma índole, analiza con más morosidad la segunda y la tercera. Correspondencia, pues, de las «noches» con los esquemas tradicionales de las vías o de los estados: purgativa, iluminativa, unitiva; incipientes, proficientes, perfectos (v. VÍAS DE LA VIDA INTERIOR). Y correlatividad u homogeneidad entre noche pasiva del espíritu y d. e. La meta de las noches es un «alto estado de amor y unión de amor, en que, después de mucho ejercicio espiritual, suele Dios poner al alma, al cual llaman desposorio espiritual con el Verbo Hijo de Dios» (Cántico, 14-15,2). El d. e. es, por tanto, el fin de la noche pasiva del espíritu (v. PURIFICACIÓN III), el último instante de la vida iluminativa (v.).
     
      El d. e. se realiza con un ritual solemne:«Sí de amor», «entero y verdadero» (Cántico, 20-21,2); «sí de gracia». La esencia, con todo, del acto, está marcada por un carácter de fugacidad. La visita es rápida; el alma, al salir del éxtasis (v.), se halla en un clima espiritual nuevo, prometida, visitada, con «un conocimiento de Dios nuevo» (Cántico, 14-15,23), mas también en un estado de espera, de amor impaciente, de ausencia (v. ARIDEZ ESPIRITUAL). Un texto de S. Juan de la Cruz, en que alude de pasada a la situación mística del d., sintetiza y reduce la estructura a sus líneas esenciales: «Viene bien notar la diferencia que hay entre tener a Dios por gracia en sí solamente, y tenerle también por unión, que lo uno es bien quererse, y lo otro es también comunicarse, que es tanta la diferencia como la que hay entre el desposorio y el matrimonio; porque en el desposorio sólo hay un igualado sí y una sola voluntad de ambas partes y joyas y ornato de desposada, que se las da graciosamente el desposado; mas en el matrimonio hay también comunicación de las personas y unión» (Llama, 3,24). En esta situación de espera, el alma recibe «otras disposiciones positivas de Dios, de sus visitas y dones, en que la va más purificando y hermoseando» para «tan alta unión». Para el matrimonio.
     
      Crítica. Se ha criticado en general, como lo hace J. Leuba, el simbolismo erótico de los místicos. La escuela de Freud (v.) y los psicoanalistas irán aún más lejos, explicándolo todo por la hipótesis de las frustraciones o compensaciones sexuales. En concreto, J. Baruzi, entusiasta del símbolo «noche», enjuicia peyorativamente como un «pseudo-simbolismo» el Desposorio o el Matrimonio. Las críticas son tan superficiales que resbalan por la superficie; tan miopes, que no ven, bajo la superficie alegórica, la honda, dinámica y sobrenaturalizante realidad de la gracia y de la caridad. Sólo a la luz de la fe se comprende el misterio de la «deificación» del hombre.
     
      V. t.: FENÓMENOS MÍSTICOS EXTRAORDINARIOS;MÍSTICA II.
     

BIBL.: L. BEIRNAERT, La signilication du symbolisme conjugal dans la vie mystique, «Études Carmelitaines» 31 (1952) 380-389: EUGENIO DE SAN José, El desposorio espiritual en la mística de San Juan de la Cruz, «Mensajero de Santa Teresa» 7 (1929) 309320; L. ZABALZA, El desposorio espiritual según San Juan de la Cruz, Burgos 1964.

 

 

 

CARTA ENCÍCLICA
AD CAELI REGINAM
DO SUMO PONTÍFICE
PAPA PIO XII
AOS VENERÁVEIS IRMÃOS
PATRIARCAS, PRIMAZES,
ARCEBISPOS E BISPOS
E OUTROS ORDINÁRIOS DO LUGAR 
EM PAZ E COMUNHÃO
COM A SÉ APOSTÓLICA

SOBRE A REALEZA DE MARIA 
E A INSTITUIÇÃO DA SUA FESTA

 

INTRODUÇÃO

1. Desde os primeiros séculos da Igreja católica, elevou o povo cristão orações e cânticos de louvor e de devoção à Rainha do céu tanto nos momentos de alegria, como sobretudo quando se via ameaçado por graves perigos; e nunca foi frustrada a esperança posta na Mãe do Rei divino, Jesus Cristo, nem se enfraqueceu a fé, que nos ensina reinar com materno coração no universo inteiro a Virgem Maria, Mãe de Deus, assim como está coroada de glória na bem-aventurança celeste.

2. Ora, depois das grandes calamidades que, mesmo à nossa vista, destruíram horrivelmente florescentes cidades, vilas e aldeias; diante do doloroso espetáculo de tantos e tão grandes males morais, que transbordam em temeroso aluvião; quando vacila às vezes a justiça e triunfa com freqüência a corrupção; neste incerto e temeroso estado de coisas, sentimos nós a maior dor; mas ao mesmo tempo recorremos confiantes à nossa rainha, Maria santíssima, e patenteamos-lhe não só os nossos devotos sentimentos mas também os de todos os fiéis cristãos.

3. É grato e útil recordar que nós próprios – no dia 1° de novembro do ano santo de 1950, diante de grande multidão formada de cardeais, bispos, sacerdotes e simples cristãos, vindos de toda a parte do mundo – definimos o dogma da assunção da bem-aventurada virgem Maria ao céu(1), a qual presente em alma e corpo, reina entre os coros dos anjos e santos, juntamente com o seu unigênito Filho. Além disso – ocorrendo o primeiro centenário da definição dogmática do nosso predecessor de imortal memória Pio IX, que proclamou ter sido a Mãe de Deus concebida sem qualquer mancha do pecado original – promulgamos,(2) com grande alegria do nosso coração paterno, o presente ano mariano; e vemos com satisfação que não só nesta augusta cidade – especialmente na Basílica Liberiana, onde inumeráveis multidões vão testemunhando bem claramente a sua fé e ardente amor a Mãe do céu – mas em todas as partes do mundo a devoção à virgem Mãe de Deus refloresce cada vez mais, ocorrendo grandes peregrinações aos principais santuários de Maria.

4. Todos sabem que nós, na medida do possível – quando em audiências falamos aos nossos filhos, ou quando, por meio das ondas radiofônicas, dirigimos mensagens ao longe – não deixamos de recomendar, a quantos nos ouviam que amassem, com amor terno e filial, tão boa e poderosa Mãe. A esse propósito, recordamos em especial a radiomensagem que endereçamos ao povo português, por motivo da coroação da prodigiosa imagem de nossa Senhora de Fátima (3), que chamamos radiomensagem da "realeza" de Maria.(4)

5. Portanto, como coroamento de tantos testemunhos deste nosso amor filial, a que o povo cristão correspondeu com tanto ardor, para encerrar com alegria e fruto o ano mariano que se aproxima do fim, e para satisfazer aos insistentes pedidos, que nos chegaram de toda a parte, resolvemos instituir a festa litúrgica da bem-aventurada rainha virgem Maria.

6. Não é verdade nova que propomos à crença do povo cristão, porque o fundamento e as razões da dignidade régia de Maria encontram-se bem expressos em todas as idades, e constam dos documentos antigos da Igreja e dos livros da sagrada liturgia.

7. Queremos recordá-los na presente encíclica, para renovar os louvores da nossa Mãe do céu e avivar proveitosamente na alma de todos a devoção para com ela.

 


A REALEZA DE MARIA NOS TEXTOS DA TRADIÇÃO... 

8. Com razão acreditou sempre o povo fiel, já nos séculos passados, que a mulher, de quem nasceu o Filho do Altíssimo – o qual "reinará eternamente na casa de Jacó"(5), (será) "Príncipe da Paz"(6) , "Rei dos Reis e Senhor dos senhores"(7)-, recebeu mais que todas as outras criaturas singulares privilégios de graça. E considerando que há estreita relação entre uma mãe e o seu filho, sem dificuldade reconheceu na Mãe de Deus a dignidade real sobre todas as coisas.

9. Assim, baseando-se nas palavras do arcanjo Gabriel, que predisse o reino eterno do Filho de Maria,(8) e nas de Isabel, que se inclinou diante dela e a saudou como "Mãe do meu Senhor",(9) compreende-se que já os antigos escritores eclesiásticos chamassem a Maria "mãe do Rei" e "Mãe do Senhor", dando claramente a entender que da realeza do Filho derivara para a Mãe certa elevação e preeminência.

10. Santo Efrém, com grande inspiração poética, põe estas palavras na boca de Maria: "Erga-me o firmamento nos seus braços, porque eu estou mais honrada do que ele. O céu não foi tua mãe, e fizeste dele teu trono. Ora, quanto mais se deve honrar e venerar a mãe do Rei, do que o seu trono!"(10) Em outro passo, assim invoca a Maria santíssima: "...Virgem augusta e protetora, rainha e senhora, protege-me à tua sombra, guarda-me, para que Satanás, que semeia ruínas, não me ataque, nem triunfe de mim o iníquo adversário".(11)

11. A Maria chama s. Gregório Nazianzeno "Mãe do Rei de todo o universo", "Mãe virgem, [que] deu à luz o Rei do todo o mundo".(12) Prudêncio diz que a Mãe se maravilha "de ter gerado a Deus não só como homem mas também como sumo rei".(13)

12. E afirmam claramente a dignidade real de Maria aqueles que a chamam "senhora", "dominadora" e "rainha".

13. Já numa homilia atribuída a Orígenes, Maria é chamada por Isabel não só "Mãe do meu Senhor" mas também "Tu, minha Senhora".(14)

14. O mesmo conceito se pode deduzir dum texto de s. Jerônimo, que expõe o próprio parecer acerca das várias interpretações do nome de Maria: "Saiba-se que Maria, na língua siríaca, significa Senhora".(15) Igualmente e com mais decisão, se exprime depois s. Pedro Crisólogo: "O nome hebraico Maria traduz-se por "Domina" em latim: "portanto o anjo chama-lhe Senhora para livrar do temor de escrava a mãe do Dominador, a qual nasce e se chama Senhora pelo poder do Filho".(16)

15. Santo Epifânio, bispo de Constantinopla, escreve ao papa Hormisdas pedindo a conservação da unidade da Igreja "mediante a graça da Trindade una e santa e por intercessão de nossa Senhora, a santa e gloriosa virgem Maria, Mãe de Deus".(17)

16. Um autor do mesmo tempo dirige-se a Maria santíssima, sentada à direita de Deus, invocando-a solenemente como "Senhora dos mortais, santíssima Mãe de Deus".(18)

17. Santo André Cretense atribui muitas vezes a dignidade real à virgem Maria; escreve, por exemplo: "Leva [Jesus Cristo] neste dia da morada terrestre [para o céu], como rainha do gênero humano, a sua Mãe sempre virgem, em cujo seio, permanecendo Deus, tomou a carne humana".(19) E noutro lugar: "Rainha de todo o gênero humano, porque, fiel à significação do seu nome, se encontra acima de tudo quanto não é Deus".(20)

18. Do mesmo modo se dirige s. Germano à humildade da Virgem: "Senta-te, ó Senhora; sendo tu Rainha e mais eminente que todos os reis, pertence-te estar sentada no lugar mais nobre"(21); e chama-lhe: "Senhora de todos aqueles que habitam a terra".(22)

19. São João Damasceno proclama-a "rainha, protetora e senhora"(23) e também: "senhora de todas as criaturas"(24); e um antigo escritor da Igreja ocidental chama-lhe: "ditosa rainha", "rainha eterna junto do Filho Rei", e diz que ela tem a "nívea cabeça ornada com um diadema de ouro".(25)

20. Finalmente, s. Ildefonso de Toledo resume-lhe quase todos os títulos de honra nesta saudação: "Ó minha senhora, minha dominadora: tu dominas em mim, ó mãe do meu Senhor... Senhora entre as escravas, rainha entre as irmãs".(26)

21. Recolhendo a lição desses e outros inumeráveis testemunhos antigos, chamaram os teólogos a santíssima Virgem, rainha de todas as coisas criadas, rainha do mundo e senhora do universo.

22. Por sua vez, os sumos pastores da Igreja julgavam obrigação sua aprovar e promover a devoção à celeste Mãe e Rainha com exortação e louvores. Pondo de parte os documentos dos papas recentes, recordamos que já no século VII o nosso predecessor s. Martinho I chamou a Maria "gloriosa Senhora nossa, sempre virgem";(27) s. Agatão, na carta sinodal enviada aos padres do sexto concílio ecumênico, chamou-a "Senhora nossa, verdadeiramente e com propriedade Mãe de Deus";(28) e no século VIII, Gregório II, em carta ao patriarca s. Germano, que foi lida entre as aclamações dos padres do sétimo concílio ecumênico, proclamava Maria "Senhora de todos e verdadeira Mãe de Deus" e "Senhora de todos os cristãos".(29)

23. Apraz-nos recordar também que o nosso predecessor de imortal memória Sixto IV, querendo favorecer a doutrina da imaculada conceição da santíssima Virgem, começa a carta apostólica Cum praeexcelsa (30) chamando precisamente a Maria "rainha sempre vigilante, a interceder junto ao Rei, que ela gerou". Do mesmo modo Bento XIV, na carta apostólica Gloriosae Dominae (31), chama a Maria "rainha do céu e da terra", afirmando que o sumo Rei lhe contou, em certo modo, o seu próprio império. 

24. Por isso, s. Afonso de Ligório, tendo presente todos os testemunhos dos séculos precedentes, pôde escrever com a maior devoção: "Porque a virgem Maria foi elevada até ser Mãe do Rei dos reis, com justa razão a distingue a Igreja com o título de Rainha".(32)

 

II 
NA LITURGIA E NA ARTE

25. A sagrada liturgia, espelho fel da doutrina transmitida pelos santos padres e da crença do povo cristão, cantou por todo o decurso dos séculos e canta ainda sem cessar, tanto no oriente como no ocidente, as glórias da celestial Rainha.

26. Vozes entusiásticas ressoam do oriente: "Ó Mãe de Deus, hoje és transferida para o céu sobre os carros dos querubins, os serafins estão às tuas ordens, e os exércitos da milícia celeste prostram-se diante de ti".(33)

27. E mais ainda: "Ó justo, felicíssimo [José], pela tua origem real foste escolhido entre todos para esposo da Rainha imaculada, que dará à luz de modo inefável a Jesus Rei".(34) E depois: "Vou elevar um hino à rainha e Mãe de quem, ao celebrar, me aproximarei com alegria, para cantar com exultação alegremente as suas glórias... Ó Senhora, nossa língua não te pode louvar dignamente, porque tu, que deste à luz a Cristo nosso Rei, foste exaltada acima dos serafins... Salve, rainha do mundo, salve, ó Maria, senhora de todos nós".(35)

28. Lê-se no Missal etíope: "Ó Maria, centro do mundo todo,... Tu és maior que os querubins de olhar penetrante, e que os serafins de seis asas... O céu e a terra estão cheios da santidade da tua glória".(36)

29. O mesmo canta a liturgia da Igreja latina com a antiga e dulcíssima oração "Salve, rainha", as alegres antífonas "Ave, ó rainha dos céus", "Rainha do céu, alegrai-vos, aleluia", e outras que se costumam rezar em várias festas de nossa Senhora: "Colocou-se como rainha à tua direita, com vestido dourado e circundada de vários ornamentos"(37); "A terra e o povo cantam o teu poder, ó rainha"(38); "Hoje a virgem Maria sobe ao céu: alegrai-vos, porque reina com Cristo para sempre".(39)

30. A esse e outros cânticos devem juntar-se as Ladainhas lauretanas, que levam o povo cristão a invocar todos os dias nossa Senhora como rainha; e no santo rosário, que se pode chamar coroa mística da celeste rainha, já há muitos séculos os fiéis contemplam, do quinto mistério glorioso, o reino de Maria, que abraça o céu e a terra. 

31. Finalmente a arte cristã, intérprete natural da espontânea e pura devoção do povo, desde o concílio de Éfeso que representa Maria como rainha e imperatriz, sentada num trono e adornada com as insígnias reais, de coroa na cabeça, rodeada da corte dos anjos e santos, como quem domina não só as forças da natureza, mas também os malignos assaltos de Satanás. A iconografia da virgem Maria como rainha enriqueceu-se em todos os séculos com obras de arte de alto mérito, chegando até a figurar o divino Redentor no ato de cingir com brilhante coroa a cabeça da própria Mãe.

32. Os pontífices romanos não deixaram de favorecer esta devoção coroando pessoalmente ou por meio de legados as imagens da virgem Mãe de Deus, que eram objeto de especial veneração.

 

III
OS ARGUMENTOS TEOLÓGICOS 

A maternidade divina de Maria

33. Como acima apontamos, veneráveis irmãos, segundo a tradição e a sagrada liturgia, o principal argumento em que se funda a dignidade régia de Maria é sem dúvida a maternidade divina. Na verdade, do Filho que será dado à luz pela Virgem, afirma-se na Sagrada Escritura: "chamar-se-á Filho do Altíssimo e o Senhor Deus dar-lhe-á o trono de Davi, seu pai; reinará na casa de Jacó eternamente, e o seu reino não terá fim"(40); ao mesmo tempo que Maria é proclamada "a Mãe do Senhor".(41) Daqui se segue logicamente que Maria é rainha, por ter dado a vida a um Filho, que no próprio instante da sua concepção, mesmo como homem, era rei e senhor de todas as coisas, pela união hipostática da natureza humana com o Verbo. Por isso muito bem escreveu s. João Damasceno: "Tornou-se verdadeiramente senhora de toda a criação, no momento em que se tornou Mãe do Criador".(42) E assim o arcanjo Gabriel pode ser chamado o primeiro arauto da dignidade real de Maria.

34. Contudo, nossa Senhora deve proclamar-se Rainha, não só pela sua maternidade divina, mas ainda pela parte singular que Deus queria ter na obra da salvação. "Que pode haver – escrevia nosso predecessor de feliz memória, Pio XI mais doce e suave do que pensar que Cristo é nosso Rei, não só por direito de natureza, mas ainda por direito adquirido, isto é, pela redenção? Repensem todos os homens, esquecidos do quanto custamos ao nosso Redentor e recordem todos: 'Não fostes remidos com ouro ou prata, bens corruptíveis..., mas pelo precioso sangue de Cristo, cordeiro imaculado e incontaminado'.(43) 'Não pertencemos portanto a nós mesmos, pois Cristo 'a alto preço',(44) 'nos comprou'.(45)

Sua cooperação na redenção

35. Ora, ao realizar-se a obra da redenção, Maria santíssima foi intimamente associada a Cristo, e por isso justamente se canta na sagrada liturgia: "Santa Maria, rainha do céu e senhora do mundo, estava traspassada de dor, ao pé da cruz de nosso Senhor Jesus Cristo".(46) E um piedosíssimo discípulo de s. Anselmo podia escrever na Idade Média: "Como... Deus, criando todas as coisas pelo seu poder, é Pai e Senhor de tudo, assim Maria, reparando todas as coisas com os seus méritos, é mãe e senhora de tudo: Deus é senhor de todas as coisas, constituindo cada uma delas na sua própria natureza pela voz do seu poder, e Maria é Senhora de todas as coisas, reconstituindo-as na sua dignidade primitiva pela graça, que lhes mereceu".(47) De fato "como Cristo, pelo título particular da redenção, é nosso senhor e nosso rei, assim a bem-aventurada Virgem [é senhora nossa] pelo singular concurso, prestado à nossa redenção, subministrando a sua substância e oferecendo voluntariamente por nós o Filho Jesus, desejando, pedindo e procurando de modo singular a nossa salvação".(48)

36. Dessas premissas se pode argumentar: Se Maria, na obra da salvação espiritual, foi associada por vontade de Deus a Jesus Cristo, princípio de salvação, e o foi quase como Eva foi associada a Adão, princípio de morte, podendo-se afirmar que a nossa redenção se realizou segundo uma certa "recapitulação",(49) pela qual o gênero humano, sujeito à morte por causa duma virgem, salva-se também por meio duma virgem; se, além disso, pode-se dizer igualmente que esta gloriosíssima Senhora foi escolhida para Mãe de Cristo "para lhe ser associada na redenção do gênero humano",(50) e se realmente "foi ela que – isenta de qualquer culpa pessoal ou hereditária, e sempre estreitamente unida a seu Filho – o ofereceu no Gólgota ao eterno Pai, sacrificando juntamente, qual nova Eva, os direitos e o amor de mãe em benefício de toda a posteridade de Adão, manchada pela sua desventurada queda"(51) poder-se-á legitimamente concluir que, assim como Cristo, o novo Adão, deve-se chamar rei não só porque é Filho de Deus mas também porque é nosso redentor, assim, segundo certa analogia, pode-se afirmar também que a bem-aventurada virgem Maria é rainha, não só porque é Mãe de Deus mas ainda porque, como nova Eva, foi associada ao novo Adão.

Sua sublime dignidade

37. E certo que no sentido pleno, próprio e absoluto, somente Jesus Cristo, Deus e homem, é rei; mas também Maria – de maneira limitada e analógica, como Mãe de Cristo-Deus e como associada à obra do divino Redentor, à sua luta contra os inimigos e ao triunfo deles obtido participa da dignidade real. De fato, dessa união com Cristo-Rei deriva para ela tão esplendente sublimidade, que supera a excelência de todas as coisas criadas: dessa mesma união com Cristo nasce aquele poder real, pelo qual ela pode dispensar os tesouros do reino do Redentor divino; finalmente, da mesma união com Cristo se origina a inexaurível eficácia da sua intercessão junto do Filho e do Pai.

38. Portanto, não há dúvida alguma que Maria santíssima se avantaja em dignidade a todas as coisas criadas e tem sobre todas o primado, a seguir ao seu Filho. "Tu finalmente, canta s. Sofrônio, superaste em muito todas as criaturas... Que poderá existir mais sublime que tal alegria, ó Virgem Mãe? Que pode existir mais elevado que tal graça, a qual por divina vontade só tu tiveste em sorte?"(52) "A esses louvores acrescenta s. Germano: "A tua honra e dignidade colocam-te acima de toda a criação: a tua sublimidade faz-te superior aos anjos".(53) João Damasceno chega a escrever o seguinte: "É infinita a diferença entre os servos de Deus e a sua Mãe".(54)

39. Para melhor compreendermos a sublime dignidade, que a Mãe de Deus atingiu acima de todas as criaturas, podemos considerar que a santíssima Virgem, desde o primeiro instante da sua conceição, foi enriquecida de tal abundância de graças, que supera a graça de todos os santos. Por isso, como escreveu na carta apostólica Ineffabilis Deus o nosso predecessor, de feliz memória, Pio IX, Deus "fez a maravilha de a enriquecer, acima de todos os anjos e santos, de tal abundância de todas as graças celestiais hauridas dos tesouros da divindade, que ela – imune de toda a mancha do pecado, e toda bela apresenta tal plenitude de inocência e santidade, que não se pode conceber maior abaixo de Deus, nem ninguém a pode compreender plenamente senão Deus".(55)

Com Cristo, ela reina nas mentes e vontades dos homens 

40. Nem a bem-aventurada virgem Maria teve apenas, ao seguir a Cristo, o supremo grau de excelência e perfeição, mas também participou ainda daquela eficácia pela qual justamente se afirma que o seu divino Filho e nosso Redentor reina na mente e na vontade dos homens. Se, de fato, o Verbo de Deus opera milagres e infunde a graça por meio da humanidade que assumiu – e se utiliza dos sacramentos e dos seus santos, como instrumentos, para salvar as almas; por que não há de servir-se do múnus e ação de sua Mãe santíssima para nos distribuir os frutos da redenção? "Com ânimo verdadeiramente materno para conosco – como diz o mesmo predecessor nosso, de feliz memória, Pio IX – e ocupando-se da nossa salvação, ela, que pelo Senhor foi constituída rainha do céu e da terra, toma cuidado de todo o gênero humano, e – tendo sido exaltada sobre todos os coros dos anjos e as hierarquias dos santos do céu, e estando à direita do seu unigênito Filho, Jesus Cristo, nosso Senhor – com as suas súplicas maternas impetra com eficácia, obtém quanto pede, nem pode deixar de ser ouvida".(56) A esse propósito, outro nosso predecessor, de feliz memória, Leão XIII, declarou que foi concedido à bem-aventurada virgem Maria um poder "quase ilimitado"(57) na distribuição das graças; s. Pio X acrescenta que Maria desempenha esta missão "como por direito materno".(58)

Duplo erro a ser evitado

41. Gloriem-se, portanto, todos os féis cristãos de estar submetidos ao império da virgem Mãe de Deus, que tem poder régio e se abrasa de amor materno.

42. Porém, nessas e noutras questões que dizem respeito à bem-aventurada virgem Maria, procurem os teólogos e pregadores evitar certos desvios, para não caírem em duplo erro: acautelem-se de opiniões sem fundamento e que ultrapassam com exageros os limites da verdade; e evitem, por outro lado, a excessiva estreiteza ao considerarem a singular, sublime, e mesmo quase divina dignidade da Mãe de Deus, que o doutor angélico nos ensina a atribuir-lhe "em razão do bem infinito, que é Deus".(59)

43. Mas, nesse, como em todos os outros capítulos da doutrina cristã, "a norma próxima e universal" é para todos o magistério vivo da Igreja, instituído por Cristo "também para esclarecer e explicar aquelas coisas que só de modo obscuro e como que implícito estão contidas no depósito da fé".(6)

 

IV 
A FESTA DE MARIA RAINHA

44. Dos testemunhos da antiguidade cristã, das orações da liturgia, da inata devoção do povo cristão, das obras artísticas, de toda a parte recolhemos expressões que nos mostram que a virgem Mãe de Deus se distingue pela sua dignidade real; mostramos também que as razões, deduzidas pela sagrada teologia do tesouro da fé divina, confirmam plenamente essa verdade. De tantos testemunhos referidos forma-se uma espécie de concerto harmonioso que exalta a incomparável dignidade real da Mãe de Deus e dos homens, a qual domina todas as coisas criadas e foi elevada aos reinos celestes, acima dos coros dos anjos".(61)

45. Depois de atentas e ponderadas reflexões, tendo chegado à convicção de que seriam grandes as vantagens para a Igreja, se essa verdade solidamente demonstrada resplandecesse com maior evidência diante de todos como luz que brilha mais, quando posta no candelabro, – com a nossa autoridade apostólica decretamos e instituímos a festa de Maria rainha, para ser celebrada cada ano em todo o mundo no dia 31 de maio. Ordenamos igualmente que no mesmo dia se renove a consagração do gênero humano ao seu coração imaculado. Tudo isso nos incute grande esperança de que há de surgir nova era, iluminada pela paz cristã e pelo triunfo da religião.

Exortação à devoção mariana

46. Procurem pois todos, e agora com mais confiança, aproximar-se do trono da misericórdia e da graça, para pedir à nossa Rainha e Mãe socorro na adversidade, luz nas trevas, conforto na dor e no pranto; e, o que é mais, esforcem-se por se libertar da escravidão do pecado, e prestem ao cetro régio de tão poderosa Mãe a homenagem duradoura da devoção dial. Freqüentem as multidões de fiéis os seus templos e celebrem-lhe as festas; ande nas mãos de todos a piedosa coroa do terço; e reúna a recitação dele – nas igrejas, nas casas, nos hospitais e nas prisões – ora pequenos grupos, ora grandes assembléias, para cantarem as glórias de Maria. Honra-se o mais possível o seu nome, mais doce do que o néctar e mais valioso que toda a pedra preciosa; ninguém ouse o que seria prova de alma vil – pronunciar ímpias blasfêmias contra este nome santíssimo, ornado de tanta majestade e venerável pelo carinho próprio de mãe; nem se atreva ninguém a dizer nada que seja irreverente.

47. Com vivo e diligente cuidado todos se esforcem por copiar nos sentimentos e nos atos, segundo a própria condição, as altas virtudes da Rainha do céu e nossa Mãe amantíssima. Donde resultará que os féis, venerando e imitando tão grande Rainha e Mãe, virão se sentir verdadeiros irmãos entre si, desprezarão a inveja e a cobiça das riquezas, e hão de promover a caridade social, respeitar os direitos dos fracos e fomentar a paz. Nem presuma alguém ser filho de Maria, digno de se acolher à sua poderosíssima proteção, se à exemplo dela não é justo, manso e casto, e não mostra verdadeira fraternidade, evitando ferir e prejudicar, e procurando socorrer e dar ânimo.

A Igreja do silêncio

48. Em algumas regiões da terra, não falta quem seja injustamente perseguido por causa do nome cristão e se veja privado dos direitos divinos e humanos da liberdade. Para afastar tais males, nada conseguiram até hoje justificados pedidos e reiterados protestos. A esses filhos inocentes e atormentados volva os seus olhos de misericórdia, cuja luz dissipa nuvens e serena tempestades, a poderosa Senhora dos acontecimentos e dos tempos, que sabe vencer a maldade com o seu pé virginal. Conceda-lhes poderem em breve gozar a devida liberdade e cumprir publicamente os deveres religiosos. E, servindo a causa do Evangelho – com o seu esforço concorde e egrégias virtudes, de que no meio de tantas dificuldades dão exemplo – concorram para o fortalecimento e progresso das sociedades terrestres.

Maria, Rainha e Medianeira da paz

49. A festa – instituída pela presente carta encíclica, a fim de que todos reconheçam mais claramente e melhor honrem o clemente e materno império da Mãe de Deus pensamos que poderá contribuir para que se conserve, consolide e torne perene a paz dos povos, ameaçada quase todos os dias por acontecimentos que enchem de ansiedade. Não é ela acaso o arco-íris que se eleva para Deus, como sinal de pacífica aliança?(62) "Contempla o arco-íris e bendize aquele que o fez; é muito belo no seu esplendor; abraça o céu na sua órbita radiosa, e foram as mãos do Altíssimo que o traçaram".(63) Todo aquele que honra a Senhora dos anjos e dos homens – e ninguém se julgue isento deste tributo de reconhecimento e amor – invoque esta rainha, medianeira da paz; respeite e defenda a paz, que não é maldade impune nem liberdade desenfreada, mas concórdia bem ordenada sob o signo e comando da divina vontade: tendem a protegê-la e aumentá-la as maternas exortações e ordens de Maria.

50. Desejando ardentemente que a Rainha e Mãe do povo cristão acolha estes nossos votos, alegre com a sua paz as terras sacudidas pelo ódio, e a todos nós, depois deste exílio, mostre a Jesus, que será na eternidade a nossa paz e alegria; a vós, veneráveis irmãos, e aos vossos rebanhos, concedemos de todo o coração a bênção apostólica, como penhor do auxílio de Deus onipotente e testemunho do nosso paternal afeto.

 

Dado em Roma, junto de São Pedro, na festa da maternidade de Nossa Senhora, no dia 11 de outubro do ano de 1954, XVI do nosso pontificado.

 

PIO PP. XII


Notas

(1) Cf. Const. apostólica Munificentissimus Deus: AAS 42(1950), p. 753ss.

(2) Cf. Carta enc. Fulgens corona.: AAS 45(1953), p. 577ss.

(3) Cf. AAS 38(1946), p. 264ss.

(4) Cf. L'Osservatore Romano, de 19 de maio, de 1946.

(5) Lc 1,32.

(6) Is 9,6.

(7) Ap 19,16.

(8) Cf. Lc 1,32-33.

(9) Lc 1,43.

(10) S. Ephraem. Hymni de B. Maria, ed. Th. J. Lamy, t. II, Mechiniae,1886 Hymn. XIX p. 624.

(11) Idem, Oratio and Ss.mam Dei Matrem; Opera omnia, Ed. Assemani, t. III (graece), Romae,1747, p. 546.

(12) S. Gregorio Naz., Poemata dogmatica, XVIII, v. 58: P G. XXXVII, 485.

(13) Prudêncio, Dittochoeum, XVII; PL 60,102A.

(14) Hom. ins. Lucam, hom. VII; ed. Rauer, Origenes Werke, t. IX, p. 48 (ex catem Macarii Chrysocephali). Cf. PG 13,1902 D.

(15) S. Jeronimo, Liber de nominibus hebraeis: PL 23, 886.

(16) S. Pedro Chrisólogo, Sermo 142, De Annuntiatlone B.M.V.: PL 52, 579 C; cf. também 582B; 584A: "Regina totius exstitit castitatis".

(17) Relatio Epiphanii Ep. Constantin.: PL 63, 498D.

(18) Encomium in Dormitionem Ss.mae Deiparae (inter opera s. Modesti): PG 86, 3306B.

(19) s. Andreas Cretensis, Homilia II  in Dormitionem Ss.mae Deiparae: PG 97, 1079B.

(20) Id., Homilla III  in Dormitionem Ss.mae Deiparae: I PG 98, 303A.

(21) S. Germano, In Praesentationem Ss.mae Deiparae, I: PG 98 303A.

(22) Id., In Praesentationem Ss.mae Deiparae, II: PG 98, 315C.

(23) S. João Damasceno, Homilia I in Dormitionem B.M.V: PG 96, 719A.

(24) Id., De fide orthodoxa, I, IV, c.14: PG 44,1158B.

(25) De laudibus Mariae (inter opera Venantii Fortunati): PL 88 282B e 283A. 

(26) Ildefonso Toledano, De virginitate perpetua B.M.V.: PL 96, 58AD.

(27) S. Martinho I, Epist. XIV PL 87,199-200A.

(28) S. Agatão: PL 87,1221A.

(29) Hardouin, Acta Conciliorum, IV, 234 e 238: PL LXXXIX89 508B.

(30) Xisto IV, Bulla Cum praeexcelsa, de 28 de Fevereiro de 1476.

(31) Bento XIV, Bulla Gloriosae Dominae, de 27 de setembro de 1748.

(32) S. Afonso, Le glorie di Maria, p. I, c. I, § 1.

(33) Da liturgia dos Armenos: na festa da Assunção, hino do Matutino.

(34) Ex Menaeo (bizantino): Domingo depois do Natal, no Cânon, no Matutino.

(35) Offício, hino Akátistos (no rito bizantino).

(36) Missale Aethiopicum, Anáfora Dominae noetrae Mariae, Matris Dei. 

(37) Brev. Rom., Versículo do sesto Respons.

(38) Festa da Assunção; hino ad Laudes.

(39) Ibidem, ao Magnificat, II Vésp.

(40) Lc 1, 32, 33.

(41) Ibid.1,43. 

(42) S. João Damas., De fide orthodoxa, 1. IV, c.14, PG 94,1158s.B. 

(43) 1 Pd 1, 18, 19.

(44) 1 Cor 6, 20.

(45) Pio XI, Carta enc. Quas primas: AAS 17(1925), p.599.

(46) Festa aeptem dolorum B. Mariae Virg., Tractus.

(47) Eadmero, De excellentia Virginis Mariae, c. 11: PL 159, 308AB.

(48) E Suárez, De mysteriis vitae Christi, disp. XXII, sect. II (ed. Vivès. XIX, 327).

(49) S. Ireneu, Adv. haer., V,19,1: PG 9,1175B.

(50) Pio XI, Epist. Auspicatus profecto: AAS 25(1933), p. 80.

(51). Pio XII, Carta enc. Mystici Corporis: AAS 35(1943), p. 247.

(52) S. Sofrônio, In Annuntiationem Beatae Mariae Virg.: PG 87, 3238D e 3242A.

(53) S. Germano, Hom. II in Dormitionem Beatae Mariae Virginis: PG 98, 354B.

(54) S. João Damas. Hom. I. in Dormitionem Beatae Mariae Virginis: PG 96, 715A.

(55) Pio IX, Bula Ineffabilis Deus: Acta Pii IX, I, p. 597-598.

(56) Ibid., p. 618.

(57) Leão XIII, Carta enc. Adiutricem populi: AAS 28(1895-96), p.130. 

(58) Pio X, Carta enc. Ad diem illum: AAS 36(1903-1904), p. 455.

(59) S. Tomás, Summa Theol., I, q. 25, a. 6, ad 4.

(60) Pio XII, Carta enc. Humani generis: AAS, 42(1950), p. 569.

(61) Do Brev. Rom.: Festa da Assunção de Maria virgem

(62)Cf. Gn 9, 13.

(63) Eccl. 43, 12-13.

 

 

 

 


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Excelente !!

Comentário do dia:

São Bernardo (1091-1153), monge cisterciense, doutor da Igreja
Homilias sobre o Cântico dos Cânticos, n.º 84, 1.5

«Chamou à sua presença aqueles que entendeu […], para andarem com Ele»

 

«Toda a noite procurei aquele que o meu coração ama» (Ct 3,1). Quão grande é o bem de procurar a Deus ! Pela minha parte, penso mesmo que não há bem maior. Sendo o primeiro dos dons de Deus, este é também a última etapa. É dom que não se acrescenta a qualquer outra virtude, porque nenhuma lhe é anterior. Pois que virtude poderíamos atribuir àquele que não procura a Deus, e que limite poderíamos pôr à procura de Deus? «Buscai sempre a sua face», diz um salmo (104,4). Creio que, mesmo quando O tivermos encontrado, não cessaremos de O procurar.

Não é a percorrer muitos lugares que procuramos a Deus, mas a desejá-lo. Porque a felicidade de O termos encontrado não apaga o desejo mas, pelo contrário, fá-lo crescer. A consumpção da alegria […] é como azeite no fogo, pois o desejo é uma chama. A alegria será completa (Jo 15,11) mas o desejo não terá fim, nem, portanto, terá fim a procura.

Que cada alma que procura a Deus saiba, porém, que Deus Se lhe antecipou, pois a procurou antes de ela se ter posto a procurá-lo. […] É a isto que vos chama a bondade daquele que Se vos antecipa, esse que, antes de todos, vos procurou, e antes de todos vos amou. Portanto, se não tivésseis sido primeiro procurados, de maneira alguma O procuraríeis; se não tivésseis sido primeiro amados por Ele, de maneira alguma O amaríeis. Não fostes antecipados por uma só graça, mas por duas: pelo amor e pela procura. O amor é a causa da procura; a procura é o fruto do amor, e é também a prova deste. Por causa do amor não temeis ser procurados. E porque fostes procurados não vos queixareis de ser amados em vão.

Comentário do dia:

Orígenes (c. 185-253), presbítero, teólogo
Comentário sobre o Cântico dos cânticos, II, 4, 17s

«E começou a ensinar-lhes muitas coisas»

 

«Diz-me, ó amado do meu coração», pede a esposa do Cântico dos Cânticos, «onde apascentas o teu rebanho, onde o fazes repousar ao meio-dia» (1,7). Penso que, no salmo 22, também o profeta, colocado à guarda do mesmo pastor, fala sob o local de que falava a esposa, quando diz: «O Senhor é meu pastor; nada me faltará» (v. 1). Ele sabia que os outros pastores, sob o efeito da preguiça ou da inexperiência, apascentavam os seus rebanhos em locais mais áridos. É por isso que diz do Senhor, o pastor perfeito: «Em prados verdejantes Ele me faz repousar. Conduz-me às águas refrescantes» (v. 2). Mostra assim que este pastor dá às suas ovelhas águas, não apenas abundantes, mas também sãs e puras, que as dessedentam perfeitamente. [...]

Esta primeira formação dada pelo pastor é a dos inícios; a continuação diz respeito aos progressos e à perfeição. Acabámos de falar de pastagens e de verdura. Vejamos isto nos Evangelhos. Aí descobri este bom pastor a falar das pastagens das ovelhas; Ele diz que é o pastor, mas também a porta: «Se alguém entrar por Mim, salvar-se-á; entrará e sairá e achará pastagens» (Jo 10,9). É por conseguinte a Ele que a esposa questiona. [...] Ela chama «meio-dia» aos lugares secretos do coração onde a alma obtém do Verbo de Deus uma luz brilhante de ciência. Essa é, com efeito, a hora em que o sol atinge o ponto mais alto do seu percurso. Portanto, quando Cristo, «Sol de justiça» (Mal 3,20), manifesta à sua Igreja os sublimes segredos das suas virtudes, está a mostrar-lhe pastagens agradáveis e locais onde repousar ao meio-dia.

Porque quando ela ainda está no começo da sua instrução e apenas recebe dele os primeiros inícios do conhecimento, o profeta diz: «Deus socorrê-la-á de manhã, ao nascer do dia» (Sl 45,6). Mas, quando procura bens mais perfeitos e deseja realidades superiores, ela pede a luz do conhecimento ao meio-dia.